Subió al ómnibus y se quedó con la mirada de todos los pasajeros. Zapatos de plataforma, un pantalón blanco ajustado que describía a la perfección su silueta, el pelo enrulado hasta la cintura, perfume, accesorios y maquillaje a rabiar. Pagó el boleto y, en vez de ocupar uno de los tantos asientos libres, eligió hacerle compañía al chofer.

"Y bueno... hay mujeres que se suben y en el acto te tiran onda y empiezan a charlar. A nosotros nos encanta, por supuesto, y casi siempre termina en algo, si se puede ese mismo día", cuenta Mario, quien no quiso dar su apellido y que, según sus compañeros, tiene "una novia en cada sección". "Las secciones son los lugares por los que pasamos cada 10 minutos. Este petiso hace buenas migas con todas y ya se hizo la fama", asegura uno de sus compañeros.

Ellos se alaban y algunas chicas aceptan que los choferes de ómnibus tienen algo especial que las hace ratonear. "No sé, tienen una masculinidad cuando manejan que los hace sexies, la camisita azul arremangada... A veces me siento cerca y los miro por el espejo, aunque nunca me encaré uno; me parece que me gustan para fantasear, no más", confesó Gabriela, estudiante de 28 años.

Otras, en cambio, se animan a encarar. Sofía (ruega que no se publique su apellido) tiene 25 años y trabaja en un local comercial sobre la avenida Mate de Luna. "El ?vaguito? (10 años mayor que ella) pasaba todos los días con el ómnibus y miraba al local. Al principio no me daba ni cuenta, pero después empecé a mirar yo también", cuenta ella. La historia parece de telenovela.

"Ya era muy obvio todo, me miraba y lo miraba, nos reíamos y nos presumíamos como chicos, pero no hacíamos nada. O subía yo o se bajaba él, cosa que era más difícil. Un día estaba de franco y paseaba por Yerba Buena con un amigo en el auto, yo iba manejando y lo vi", recuerda. Sofía no lo pensó ni un segundo y se mandó una maniobra de película de acción.

"?Esta es la mía?, pensé. Le hice señas, lo adelanté y estacioné el auto delante del ómnibus. Él frenó, yo me bajé del auto, subí al bondi y le di mi número de teléfono. Más tarde, apenas dejó el coche, me llamó y nos encontramos. Esto ya pasó hace un par de meses y tenemos una relación muy linda", relata. Y hay más: uno de sus sueños es ir un día de paseo con él y con los amigos en el colectivo. "Pero no hay chance", lamenta y se ríe, repleta de vergüenza: "Uy, cuando lea esto él... ¡qué pavura!"